Pensar es ante todo una pasión.
El pensar al igual que el acontecimiento debe ser conquistado.
Pensar es renunciar a una imagen dogmatica, es un desmoronamiento de las certezas.
Desestructuración inmanente.
Donde abstraer es liberarse, es la expulsión de todo presupuesto, la emergencia de algo que no existía antes y que induce una nueva imagen de pensamiento.
Es dejarse inquietar por un signo, devenir bárbaro, devenir niño. Fisura que fuerce el pensamiento, lo sacuda, que ponga en peligro la coherencia, y quite la paz.
Pensar nace de un azar.
Pensar es siempre circunstancial, relativo a un acontecimiento que sobreviene en el pensamiento. Así, la relación es contingente, azarosa y trata de la exterioridad de las relaciones.
Cuerpo sin órganos.
Como la mano de un pintor que ha de estar vacía a fin de no interrumpir los flujos que serán efectuados. Cuerpo listo para distinguir las intensidades, distinción intrínseca.
Pensar es experimentar.
Es problematizar, es crear a partir de la pregunta. La pregunta no es dada sino que afirma. En donde afirmar es siempre trazar una diferencia. La verdad se convierte así en un hábito contemplativo, en un signo, en devenir.
Signo, como diferencia.
Desarrollar el signo no es en absoluto buscar un sentido oculto, el sentido se confunde con el propio dinamismo del desarrollo, sino llegar a repetirlo, a repetir el puro movimiento, a contraerlo en un signo... en un ritornelo.
Pensar, negación de los límites.
Un rasgo de expresión que corresponde a un caso o a una circunstancia, y que solo se entona cuando ha llegado la hora. Marca de un territorio, signo como diferencia.
Ritornelo, absoluta ingravidez.
El ritornelo no delimita un territorio sin envolver al mismo tiempo el afuera del que este se distingue, sin desprenderse de él. Implica virtualmente un movimiento de desterritorialización. El ritornelo expresa el doble aspecto de la individuación, una relación con la exterioridad. Donde la relación entre elementos no esté dada, sino que es una de las tantas posibles.
Pensar, cristal de tiempo.
Fuente: imagen cristal - filosofia del acontecimiento - silvina sturniolo